jueves, 1 de septiembre de 2016

"No se está portando mal, lo está pasando mal"

Hoy hemos tenido un día un poco más difícil que de costumbre. Tenemos una inmensa suerte con nuestro peque, que de costumbre es un niño alegre y fácil de llevar. Pero hoy ha tenido un mal día. Ha llorado y se ha enfadado varias veces por cosas que a nuestros ojos pasaban desapercibidas. Se ha frustrado porque quería salir pero no quería vestirse, después porque no quería entrar en casa, porque quería comer, porque no quería sentarse en la trona, porque no quería más comida, porque no quería bajarse de la trona, porque quería bajarse de la trona, porque no quería que le quitara el babero... En fin, os hacéis una idea. Lo que se dice un mal día.

El climax ha venido a última hora de la tarde. En un momento determinado he salido del baño y al entrar en el salón estaban mi marido y el peque en el sofá tranquilamente. En cuanto he entrado me ha sonreído y ha dicho "¡Ahí está mamí!" pero en cuanto me he acercado al sofá para sentarme ha empezado a protestar porque no quería que me sentara. Cuando ha visto que me sentaba se ha enfadado muchísimo y ha intentado por todos los medios posibles hacer que me levantara. No lo he hecho, porque no creo que sea sano para los niños sentir que tienen la capacidad de controlar lo que hacen sus padres, ese tipo de control les supera y termina dando problemas a la larga. Como veía que no lo conseguía me ha terminado pegando. Un manotazo en la cara con toda la fuerza que ha podido.

Así que me ha tocado poner en práctica todo lo que llevo tanto tiempo estudiando y que no suelo tener muchas ocasiones de practicar. Le he cogido las manos y le he dicho muy tranquilamente: "No voy a dejar que me pegues." Sorprendentemente, estaba tranquila de verdad. Supongo que me ha ayudado el hecho de que lo estaba viendo venir y de que en realidad no me había hecho daño. Lo he abrazado por detrás mientras le seguía sujetando las manos, y le he dicho al oído con un tono que pretendía ser calmante: "Estás muy enfadado. Lo sé. No voy a dejar que me pegues." Normalmente recomiendo no iniciar contacto con un niño que rechaza el contacto, pero por una parte está la postura en la que estábamos y que me dificultaba levantarme y apartarme sin más (los dos semitumbados en el sofá, él justo delante de mí) y por otra parte estaba el hecho de que tuve que sujetarle para que no me pegara con lo que en cierto modo ya lo estaba abrazando. Tenía más sentido simplemente continuar así. Abrazarle me pareció lo más apropiado en ese momento, especialmente conociendo a mi hijo que es un niño que necesita y reclama muchísimo contacto físico. Ha roto a llorar en seguida, que creo que en el fondo es lo que necesitaba, y aunque ha forcejeado un poco más he ido notando como se iba relajando. En ese momento lo he soltado y él mismo me ha venido buscando para acurrucarse en mi brazo, aunque aún seguía enfadado porque ha empezado a intentar darle pataditas a papá, que estaba sentado a nuestro lado. Como he visto que el momento del desborde emocional había terminado, he optado por pasar a una fase de reconexión y de canalización de la ira: nos hemos ido a saltar a la cama. Sé que visto desde una perspectiva tradicional podría parecer una recompensa o algo así, pero el objetivo era dar herramientas. Es la misma lógica que siguen los adultos cuando salen a correr o van al gimnasio después de una discusión.

Así que nos hemos puesto a saltar en la cama, y a gritar, y a dar puñetazos a la almohada, y después lo he perseguido por la casa, y nos hemos ido a la habitación a leer cuentos. Y hemos hablado de lo que había pasado, de cómo se había enfadado conmigo y me había pegado, me ha dado un beso y hemos "hecho las paces" oficialmente. Después se ha puesto a jugar tranquilo en su cuarto mientras yo iba a recoger el lavavajillas. Y cuando papá ha ido a buscarlo para decirle que estaba la cena hecha, se lo ha encontrado recogiendo los juguetes por sí mismo (cosa que nunca había hecho). Y después se ha terminado todo el plato de verdura que le había hecho papá para cenar. Se notaba perfectamente que lo que fuera que llevaba todo el día molestándole había pasado por completo. Era un niño nuevo. El niño feliz, amable, que coopera, cariñoso de siempre.

Mientras duraba el desborde emocional y tenía la oportunidad de poner en práctica todos los consejos sobre los que había leído, estaba continuamente dudando de si lo estaría haciendo bien. No os penséis que todo esto me sale de forma natural. Procuro leer varios artículos a la semana, y leo mis grupos de facebook a diario, con lo que los consejos sobre cómo reaccionar están más o menos siempre frescos en mi mente. Pero muchos de ellos van totalmente en contra de lo que tengo interiorizado. ¿Ponerme a saltar, a jugar, a reír, y a leer cuentos con un niño que acaba de pegarme? Suena raaaaaarooo, raro, raro. Suena a contraproducente. Suena a premio. Y eso hace que de alguna forma entres en conflicto entre lo que tienes preaprendido y todo lo nuevo que estoy aprendiendo con estos artículos. Me asaltan dudas, como a la que más. Y supongo que esas dudas solo se irán pasando con el tiempo y la experiencia. Esta vez, sentí como ayudaba a mi hijo a pasar, canalizar, y procesar el desborde emocional de una forma en la que se pudiera sentir 100% apoyado, primando la conexión a la corrección, viendo en todo el momento al niño y no al comportamiento, sabiendo que algo le pasaba y que el guantazo no era más que una forma de pedir ayuda.

Lo curioso, y lo que ha hecho que me anime a escribir este post, es que mientras estaba en la cocina, justo después de que hubiera pasado todo el proceso, Papá me ha dicho que le había prometido al peque que esa noche se bañaría en la bañera grande (no lo hace a menudo, porque gastamos muchísima agua, para él es como una ocasión especial). Papá me lo ha dicho con un tono serio, me ha sonado como si esperara que dijera que no me parecía bien, después de como se había "portado". Pero mi respuesta, inmediata y sin pensar, ha sido: "Sí, me parece bien, se lo merece, porque vaya día que ha tenido." Y justo entonces me he dado cuenta de que ha sido una elección de palabras algo extraña. "Se lo merece" poco rato después de haberme pegado... Y entonces me he dado cuenta de que creo que por fin lo tengo interiorizado: Aquello de "No se está portando mal, lo está pasando mal". Hoy lo he visto claro. Una verdad como un templo.


Quiero seguir formándome para poder ayudaros más y mejor pero los cursos de crianza son muy caros. Si te ayudan mis posts y quieres que siga trayendo contenido de calidad, ahora puedes ayudarme haciendo una pequeña donación. ¡Muchísimas gracias!


Si tienes alguna pregunta o comentario que hacerme, o si tienes algún truco o sugerencia más que quieres aportar puedes hacerlo a través del blog, de la página de Facebook o de la cuenta de Instagram. Y si te ha gustado la entrada o crees que podría ayudarle a alguien que conoces COMPARTE.

¡Mil gracias por leerme!

¡Feliz Crianza!

8 comentarios:

  1. Hola...me siento identificada pero aún no he logrado salir de mi enojo tan rápidamente. Tengo un hijo de dos años y ha empezado a pegar cuando no se le da lo que quiere o cuando no está de acuerdo con algo, dice algunas palabras pero si comunicación preferida es el grito...a veces no sé que más hacer...por que continúa el comportamiento...realmente respetarlo...cualquier consejo sería genial...gracias

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Andrea! Yo tengo 3 hombrecitos (10, 6 y 1 año 10 meses) y esa edad entre el año y medio y 3 años es la del "mío" "no quiero" y pegar. No te preocupes que es una etapa. Como su lenguaje es limitado, la tolerancia a la frustración es mínima. Yo trato de pensar cómo me sentiría yo si algo me enojara y estuviera afónica. Creo que terminaría pegando también de desesperación. Trata de acompañarlo cuando se sienta así y nombrarle la emoción que le gana en ese momento "parece que eso te enoja pero lo hago por tu seguridad" "eso que me haces me duele, entiendo tu enojo pero no puedo permitir que me pegues" ellos entienden muy bien. Espero haberte ayudado un poquito:)

      Eliminar
  2. eres luz!, no soy padre pero trabajo con niños y adolescentes y tus experiencias me ayudan a entender mejor el mundo que hay detrás a la hora de educar, gracias de todo corazón por compartir todo esto con el mundo, luz para ti!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Dario! Qué bonito lo que me dices! :D

      Eliminar
  3. Maravilloso... Gracias por compartir algo así.

    ResponderEliminar
  4. Qué crees que podía haberle pasado, por qué se habría enfadado o puesto triste? Yo a veces intento ir más allá y comprender el porqué. En ocasiones me resulta claro, pero otras la verdad que tengo dudas. Es muy difícil saber exactamente qué les puede pasar por la cabecita a las personas jeje.
    Un saludo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues la verdad es que no lo sé porque fue casi desde el principio del día. Hay veces que es fácil de identificar el por qué, sobre todo cuando son motivos físicos. Pero otras veces es difícil. Puede que simplemente tuviera un mal día, a veces pasa. Lo importante es reconocer que hay un motivo detrás, aunque no siempre sepamos identificarlo. Verlo así ayuda a predisponernos a ayudar.

      Gracias por comentar y por tus amables palabras :)

      Eliminar
  5. yo tengo muchos problemas en casa por mi hijo tiene 4 años y es algo rebelde no obedece y la verdad mi paciencia es limitada no se q hacer

    ResponderEliminar

¡No te pierdas nada! ¡Suscríbete!

Suscríbete al boletín para recibir lo último en tu correo electrónico

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
 

Mis artículos de crianza favoritos Copyright © 2012 Design by Ipietoon Blogger Template